lunes, 17 de septiembre de 2012

Promesa de Seda

Escuchar el piano.  Quedarte callada durante esos minutos.  Darle paso a los recuerdos que bailan tango pegados a las paredes, más de alguno se acerca y te acaricia el rostro.  Vos sonreís y sin dudarlo le guiñas el ojo lleno de complicidad que los hacés vibrar.

Todo se pierde con tanta intensión que ya no se extraña.  La ducha mantiene tibia la tina con flores de seda y las velas iluminan las esquinas.  La habitación es una enorme fiesta.  El tiempo espera afuera, sin carcomer las paredes, pega el oído a la puerta para ver si escucha su nombre y vos lo dejás entrar un rato.  Tu poesía pasada de moda la dejaste como comida para pájaros.  Las imágenes sueltas pasan por la pantalla del televisor roto que volviste un buró precioso para guardar frascos de tinta china.  

Así pasan los días hasta que el piano se canse mientras tanto en la última repisa cerca de la ventana en una botella cuadrada aun con restos de jamaica con anís hace unas noches bajo besos de cartón me hiciste entrar, prometiéndome que pronto romperías el hechizo y el diablo finalmente me devolvería a vos.  Tal como lo soñaste.

1 comentario:

Pablo Gonzalez dijo...

Lo onírico se respira desde la primera linea...y creás imágenes donde se respira un sutil humor negro...