lunes, 9 de septiembre de 2013

Cerca de acá

Se llaman a los sentimientos y nos conducen a las sensaciones.  Cada noche suena bajo un piano fino y casas con puertas cerradas con llave hacía la nada y encierran las historias que sólo viven de día en horario de oficina.

El alumbrado público se cae, quedando en los balcones y protegiendo a un par de enamorados que no encuentran lugar ni cama donde coger sin tanta culpa.  Allí van entre gatos huérfanos y silencios de caminones que frenan obligados por luces cambiantes que nos llevan de un punto a otro, tan cómplices pero tan lejos de aquel donde habitan mis ganas y sueños con promesa por cumplir.  Mientras vos dormís en el cuarto de enfrente sonriéndome a la cercanía de siete pulsaciones.  

Las cosas se van diciendo cuando el alma sale a quemarse con lo helado o a freírse bajo el sol cada vez más vengador y menos enamoradizo en estas fechas de tantita lluvia dispersa y un verano que ocupa el otro lado del mar.  ¡Mirá, ponéme atención!, grita alguien por la ventana y la música suena más de lo normal porque ahora el ritual requiere un vals suelto pero romántico sin piedad a equivocarse o talvez fallar mientras ambos caen al borde de tanta emoción, miradas y turrón barato que cubre las paredes del viejo cuarto con dos salidas.

Porque nadie me dijo que un día cualquiera iba a llegar, nadie te explico y sin remedio nos sostenemos con la imaginación, turrón seco para contigo pasear entre los sentimientos, ésos que guían más que conducen, cariño.  Así es, me contestaste muy quedo al oído.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Stream

Hace algunos días me provocaba la idea de transmitir esas imágenes que pasan por mi cabeza mientras hago el scrabble del año, digo año porque ese juego de letras, múltiplos y números no me fluye o sin el quizás, no me da la gana.

Porque los sentidos pasan en pedazos con bonitos tonos, algunos difuminados y otros tan vivos que pienso que se me salen por los ojos y termino hablando con ellos mientras sorbo café helado instantáneo, aprovechando a que el Ahora dejó de meterse entre mis alteregos y sin urgencia todos los Presentes hacen una ronda alrededor de lo que sí se me da.  

Pasan las letras marcando cada fotografía y dan ganas de acercarse un tanto para besarte bien quedo.  Volverme canción así como aquella rolita pasada de moda que se escucha en el bar de cerillos y tinta china.   Dos calles atrás el aire voló como todos los días, restos de templos se pusieron contra sol y cunas completas hicieron zanjas para darle camino a la luna de tiempos de humedad y falta de lluvia en pleno valle de cristales y azulejos mal pegados.

Alguien me dijo que se sabe vivir entre lo que ya no somos para nadie, más que olvido y recuerdos pegados con alfileres pero todavía tengo mis dudas, tan grandes que brinco en ellas y de un solo golpe caigo en mis adentros para repintarte e imaginar otra vez esas imágenes sin hilo conductor que tanto me gustaría transmitir con azar y porque no, en stream.

lunes, 26 de agosto de 2013

Tejer

Las agujas entran por el mismo sitio, van y van sin venir, haciéndose nudos y rompiendo uniformidades hechas al por mayor.  Así vamos... ¡escucha! me gritaron desde atrás.  Todos se quedan y todas a un compás ágil junto al sonido de romper se anudan para volverse una.

Tic, tac, tic ya no suena el tac es el reloj barato que me regalaron para mi primera vuelta al mundo, aquellos días de pasto seco y poca lluvia de leche con miel.  Ajeno a lo rítmico la gente canta, suelta la voz y un par de solos de guitarra que tanto te gustan suenan mientras la cinta de selecto nos lleva a días en uno, sol suave y ricos licuados.

Vos sonreís, el agua tiembla y las energías hacen mover las nubes lento, bien lento que dan ganas de empujarlas a soplos y formar lienzos de hamacas para tirarnos a ver el mar azul, dormir la siesta y que el tiempo nos arrulle un poco nada más.  Es allí donde entran las agujas con listones nuevos, cosas cursis que se dicen durante la madrugada y posiblemente se queden para hacer la última puntada que nos pacte, consuma y sea todo nueva sustancia.

jueves, 8 de agosto de 2013

El túnel

Sería mentirme, me repetía mientras andaba entre las calles buscando el túnel que me sacaría de esa enorme ciudad. La radio hablaba en un idioma cada vez más lejano. Calles muy angostas para una ciudad tan evolucionada pensé de nuevo. A pesar de llevar años desterrándome de tantas cosas nunca le encontré la lógica a la arquitectura, empezando por las calles de una sola vía versus edificios con balcones enormes y piscinas sinfín en los techos.

Es domingo, mi peor día de la semana. Todo quieto y resistiéndose al mañana productivo y un tanto perezoso del lunes. Bajo el vidrio de la ventanilla, saco la cabeza. Juraría que ví ese pinche túnel hace unas semanas. No me es nada fácil retomar el hábito del automóvil (una cosa más que dejé en la puerta de abordaje cuando decidí marcharme). La vida a pie es una vida, el resto es una monería de grotescos colores que pasan sin sentirse.



Mis dedos hechos maquetas golpean el volante. Entre tantos oficios y hambre los convertí en una textura de manta cruda y quemada. Abro la guantera, recortes de mapas, unos guantes olvidados y la cajetilla con los últimos tres cigarros que prometí fumar. El clima ha mejorado o quizás ya me estoy acostumbrando a él, he pasado días duros de calor, entre desmayos y náuseas la gente sigue pensando que exagero pero de donde vengo el sol no rebota en un millón de espejos a la vez. Si yo fuera... Ese truco de nombrarme como éso que busco. La sed llega entre el tabaco y el aire dulce que gobierna la ciudad. A un principio me fascinaba el aroma, sí lograba identificarlo sin importar donde estuviese pero la costumbre me hizo olvidarlo y en contados casos lo sentía. Una buena despedida, quizá.

Lanzo la colilla a la acera, me atraganto de agua helada para "el camino" y el túnel ni señas, en cada dos cuadras se señala que pronto aparecerá pero todo parece una mala broma del alcalde, como aquella cuando hizo desbordar el río para crear lagunas artificiales en ciertas áreas de la ciudad. Pasamos semanas entre lodo, peces muertos y aguas negras hasta los tobillos. Sin sorpresa se reeligió. Nada extraño en este tipo de mundo. Debería lanzarme para algún cargo público siempre lo he pensado es cuestión de labia y dinero, dos cosas que carezco (fin del proyecto político).

Girar, girar, suena esa canción que me hace recordar en la radio, me lanzo a ellos y viajo, casi sin poner atención en el camino, sonrió de esa forma estúpida que no se puede controlar, mi cabello vuela con la velocidad, el sonido rompe los vidrios, sin rozar las aceras voy en ese laberinto urbano y grito miles de nombres, millones de estrofas de otras canciones, repito imágenes y me detengo por segundos a saludar ya no más para decir adiós. Luego de años, saludo a "eso de atrás", sin llorar y con cierta fascinación infantil de azúcar. Nada hace ruido, sangra o duele dentro. Sólo emociona con una intensidad de algo que concluye y se vuelve eterno.

Un túmulo me hace reaccionar, frente a mi lo tan buscado, respiro sin alteración y avanzo. Lento abriéndome paso sin hacer ruido me detengo, saco la cajetilla de cigarros, bajo del automóvil me siento en la acera y fumo. Estoy justo a cuatro metros de distancia para salir del túnel, la luz es otra más queda, no pienso en nada, veo girar el humo que se entremezcla con el aire dulce y el aire tibio de esos pocos metros, enciendo el otro cigarro, me acerco a la ventanilla todo está destapado lanzo uno de los cigarros, bajo la música y así bailar mientras escucho como arde todo.

Dejo atrás el caos de fuego. Sin voltear tiro la última colilla. Veo una parada de autobús, el cansancio me venció. Hago la señal y subo. Bajo luego de un largo trayecto, veo el reloj y sé que vos estás linda esperándome para cenar.

Pronto llegará el invierno, el aire dulce sabe a húmedo ahora, pensé.  Dejo caer las llaves y vos me saludas.



lunes, 14 de enero de 2013

Bajo la luz

Últimamente todo ha pasado de noche.  Ahora que lo pienso quisiera algo a plena luz del día.  Un día donde las nubes estén untadas en ciertas partes, el celeste del cielo se pueda respirar y el sol dore rico la piel.  Sin tiempo que marque su fin.  Quedarme suavizándome el corazón sobre algún tejado y ver como las hojas se mueven entre partículas y mensajes invisibles que cruzan todo el planeta.  Dedicar un par de canciones cursis que aunque me niegue, me hacen bailar con los brazos abiertos.  

Se dejen caer los pájaros sabiendo que no habrá oscuridad que les obligue esconderse, formen círculos de aire perfumado y rompan esos tumultos de nubes sueltas.  Nada más importa.  Todo se imagina y como algo armónico la luna despierte al fondo de las montañas repletas de luces ajenas y sin dudarlo todo se refleje en ella. Mares de agua salada humedezcan las orillas de mi conciencia, se viertan en pequeños canales el agua helada y me lleven al otro lado de las constancias y sueños aislados. 

Todo ocurriría allí sin tanto empujarme, cada cosa en su sitio.


miércoles, 26 de diciembre de 2012

Ven Conmigo

Es como cuando se acaban las aves durante el verano, me dijiste. El cielo sabe intenso, antes era a dulce pero creo que luego de tanto viento tiene un toque de sal de las orillas de los ríos que se mezclan con el mar durante los días que la gente olvida la playa y se dedica a comprar tiempo para soñar.

Sería mentirte que todo marcha mal porque a pesar de todo el olvido me lleva con una sonrisa estúpida. Abro todas las tardes las cortinas para ver como se derrite el suelo en los bordes de las casitas en serie y bajo encargo llega el frío para hacer más distancia entre mis ganas y lo pactado.

Miles de cosas por quemar y algunas que talvez alguien las quiera para llenar su corazón. Barquitos de papel flotan por la sala, la música no para de sonaron y en una tabla de surf las velas iluminan el lugar. Pocas frases pendientes para explicar, monedas caen de golpe sobre la cama y las decisiones llegan de golpe a los ventanales.

Finalmente, el cuerpo duerme tibio y en una forma utópica, espero esas dos palabras suenen de verdad y yo diga con calma que sí.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Un domingo

El viento sopla fuerte, me mueve el resto de cabello que dejé luego de raparme por completo.  Los caminos cuadrículan el horizonte.  Parte de mi se ahoga con el tabaco húmedo que me llena la camiseta.  Nada pasa, todo queda en pequeños autos de cartón que pasan frente a mi.

La luna se asoma a cambio de una moneda sobre los techos llenos de tierra cocida y plantas carnívoras.  Vuelvo a ratos a ver al interior, nadie pide nada y todo sigue como esa canción con un eterno "repeat".  Ahora me enamoro con menos facilidad pensé cuando alguien me tocó la muñeca y me bajo el universo con su sonrisa. 

Las plazas se siguen llenando, los globos de colores intensos me obligan a no quitarme los lentes oscuros y un tanto la rasaca me conduce a meterme dentro de las piletas vacías de la iglesia mientras con pequeñas mordidas trago un elote asado.  Sonrió, un niño trata de asustarme sobre el muro y yo finjo hacerlo.

El frío cae y como una terapia de un mal psiquiatra (sin drogas y sin consuelo) camino de vuelta al marco de la ventana.  Hablo de lo que dejé pendiente la última noche, hago la lista mental de lo que finalmente debo pintar en ese mural horrible de la habitación y me convezco que será la última cajetilla de cigarros que trague intentando despegar los recuerdos de la sábana tecnicolor.

Ahora duermo, solo duermo.